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Un cielo posible a tu alcance

Santa María de la Paz (Hakuna)

una imagen que nace de una comunidad

En el albergue de Santa María de la Paz, gestionado por los Hermanos de San Juan de Dios, el contexto no es el de una iglesia al uso. Es un lugar de acogida, de fragilidad, de historias rotas que buscan recomponerse. En ese entorno, cualquier intervención artística tenía que responder a una pregunta muy concreta: cómo hacer presente lo sagrado sin generar distancia.

El encargo de la Virgen para la comunidad de Hakuna no parte de una idea estética previa, sino de una realidad viva. Un grupo de personas que rezan, que cantan, que se reúnen alrededor de una experiencia concreta de fe. La obra, por tanto, no podía ser una imagen heredada ni una solución estándar. Tenía que surgir desde dentro.

El proceso comienza escuchando. No solo lo que se dice, sino lo que se vive: la forma en la que esa comunidad se relaciona, su lenguaje, su manera de entender la devoción. A partir de ahí, la imagen empieza a tomar forma como una respuesta, no como una propuesta impuesta.

La Virgen aparece con una humanidad desarmante. No hay grandilocuencia, no hay distancia simbólica. El gesto es recogido, íntimo, casi cotidiano. Esa cercanía es precisamente lo que permite que quienes entran en la capilla no se sitúen como espectadores, sino como parte de la escena.

«En un espacio como este, la obra no puede limitarse a ser contemplada: tiene que ser habitada»

Y eso implica un lenguaje que no excluya, que no resulte ajeno, que no necesite explicación previa.

El resultado es una pieza que transforma el ambiente sin imponerse. La capilla deja de ser un lugar simplemente funcional para convertirse en un espacio de encuentro real. La imagen articula la oración, ordena el silencio y ofrece un punto de referencia que sostiene la experiencia de quienes pasan por allí.

Más allá de la escultura en sí, lo que se produce es una transformación del lugar. La obra no se entiende como un objeto, sino como parte de un proceso más amplio en el que el espacio empieza a responder a lo que ocurre dentro de él.

Y en ese equilibrio entre presencia y discreción, entre forma y experiencia, es donde la pieza encuentra su sentido.