
En los proyectos vinculados al Sagrado Corazón, la intervención se sitúa en el centro de la experiencia del espacio.
Aquí, la imagen no es un elemento más, sino el punto focal.
Esto exige una gran responsabilidad. La obra tiene que sostener la mirada, pero también el sentido del lugar.
«El corazón no se presenta como símbolo abstracto, sino como algo profundamente encarnado»
La expresión evita cualquier exceso dramático. La fuerza está en la serenidad.
El resultado es una presencia que no necesita imponerse para ser central.
