
En Valladolid, el proyecto se desarrolla en un centro dedicado específicamente a la espiritualidad.
Aquí, el espacio ya está orientado hacia la interioridad. La intervención tiene que acompañar, no dirigir.
«La obra se construye desde el silencio. No busca captar la atención, sino sostenerla»
La figura se presenta con una actitud recogida, invitando a la contemplación.
En este tipo de contextos, la medida es fundamental. Cualquier exceso rompería la experiencia.
El resultado es una pieza que se integra en el ritmo del lugar, sin alterarlo.
