
Garabandal es un lugar marcado por la memoria. La intervención aquí no parte de un espacio vacío, sino de una historia que ya tiene peso.
Esto cambia completamente el enfoque.
La obra no puede imponerse sobre lo existente, ni competir con ello. Tiene que situarse en continuidad, aportando una nueva capa sin romper lo anterior.
El trabajo se centra en captar esa memoria y traducirla en una forma que la haga presente hoy.
La figura se construye desde la sencillez, evitando cualquier exceso. La fuerza está en la autenticidad, en la capacidad de evocar sin necesidad de subrayar.
«En este contexto, la obra actúa casi como un puente. No introduce algo nuevo, sino que permite redescubrir lo que ya está»
El resultado es una presencia discreta, pero cargada de significado.

